viernes, 11 de mayo de 2012

Mini reviews 9


WEEZER – Pinkerton (1996)



Los californianos Weezer se cuelan en la ola guitarrera que Nirvana contribuyó a facilitar, haciendo alarde de un look de nerds perdedores y conflictuados, y musicalmente influenciados por bandas como los Pixies y Dinosaur Jr. Un power pop juvenil y eléctrico será dominante en su álbum debut de 1994, producido por el Cars Ric Ocasek, que aporta orden y experiencia. El buen álbum despacha, además, tres bonitos éxitos entre los que se incluye el divertido “Buddy Holly”.
Para el sucesor Pinkerton (1996), en cambio, el cuarteto opta por que nadie le impida que los niveles de los amplis bajen de 10. Las canciones se oscurecen y se vuelven más ásperas. El líder Rivers Cuomo, a la sazón doctorando en Filosofía, se afianza en la exposición de sus conflictos con el sexo opuesto, agudiza su olfato para la canción pop redonda, y devela, a la luz de algún que otro solo perdido por ahí, una respetable técnica guitarrística. Pero hasta ahí parece haber llegado el encanto de Weezer: las obras posteriores, a excepción del Green Album de 2001, serán unánimemente vilipendiadas por la crítica y buena parte de sus fans.

—————————————————————————————————————

PLACEBO – Battle For The Sun (2009)



El punto más bajo de la carrera de una banda que en los alrededores de sus interesantes primeros álbumes (Placebo, 1996 y Without You I’m Nothing, 1998) supo captar la atención de estrellas como David Bowie, The Cure y U2. El trío alternativo liderado por Brian Molko, que presenta nuevo baterista, aparece en Battle For The Sun ligeramente más luminoso, si se quiere, más encendido que en su oscuro aunque ya insuficiente antecesor (Meds, 2006), pero con pocas ideas interesantes para ofrecer. Acaso “Ashtray Heart”, el corte difusión, logre hacer mover el pie y entonar junto a la banda “mi corazón de cenicero”, pero, al ser el segundo track, no hará sino hundir incluso más el resto del material, puro relleno intrascendente.

viernes, 13 de abril de 2012

Mini reviews 8




SPIRITUALIZED - Let It Come Down (2001)



Tal como bien dice el sitio español Muzikalia, el álbum más accesible de Spiritualized, lo que sin embargo no lo hace más “comercial”. Jason Pierce, o J. Spaceman, as de la psicodelia inglesa contemporánea, pone toda su pasión por el gospel en primer plano y, wall of sound mediante, cumple con creces la difícil tarea de suceder a su obra maestra, Ladies and Gentlemen we are floating in space (1997), gracias a este hermoso LP que no descuida la raíz garagera (“On Fire”, “The Twelve Steps”) pero en el que sobresale el formato canción temáticamente centrado en el AMOR –así en mayúsculas– y en la divinidad. Este elevado compendio –en el cual han colaborado más de cien músicos– cuenta con puntos muy altos como la plácida “Anything More”, en la que Pierce se exhibe abatido, y un final que recicla una vieja gema de Spacemen 3, el cántico/plegaria, “Lord Can You Hear Me”, cuyo desgarrador clímax puede convencer de que el Creador existe.

—————————————————————————————————————

PHIL COLLINS - Both Sides (1993)



En 1993 el ex baterista de Genesis, tal vez aún mareado (?) con el éxito de But Seriously (1989), decide emprender un camino más intimista y ofrece un disco completamente ejecutado por él, al cual inclusive presenta, con su modestia habitual, como “el material más disfrutable que hice jamás”. Pero como todo relato tiene múltiples caras, tal como sostiene el “concepto” de este LP, para nosotros lo que Collins amasó en su estudio casero no es sino uno de los discos más aburridos de la historia, atiborrado de los elementos que tanto odio (a veces exagerado e irracional) generaron en su multitud de detractores.
Gastada sensiblería, lentos que marchan a velocidad de molusco, colchones de teclados invariables, la omnipresente y ya quemada drum machine TR-808, dibujan un mar de cemento que solo se altera con el percusivo “Both Sides of the Story” y “We Wait and We Wonder”, donde Phil hasta se anima a pulsar una guitarra con resultados que preferimos omitir. El fiasco se redondea con un arte de tapa que devela por enésima vez un egocentrismo y falta de originalidad ya patológicos, que de cualquier modo nunca afectaron la integridad de su tanque de libras esterlinas.

miércoles, 4 de abril de 2012

Mini reviews 7



MAGAZINE - Real life (1978)



En pleno torbellino punk, tempranamente cansado de las estructuras de tres acordes, Howard Devoto abandona a los Buzzcocks y coloca avisos en revistas. Pide mentes abiertas, gustos refinados; obliga a los candidatos a escuchar Low de Bowie y The Idiot, de Iggy Pop. Responde, para esta primera formación de Magazine, un guitarrista de hábil mano derecha que luego hará historia con Siouxsie and The Banshees, un tal John McGeoch. En el acto, el vertiginoso single “Shot By Both Sides” preanuncia un exquisito álbum debut (producido por John Leckie) que capta el espíritu de época, pero lo combina con el art-rock de Roxy Music: teclados cuasi progresivos, guitarras que sacan chispas, más un Devoto filoso y alienado. Elevado hoy a la categoría “clásico de culto”, Real Life puede definirse como un elegante ataque de nervios, o algo así.

—————————————————————————————————————

KRAFTWERK – Autobahn (1974)



Tercer trabajo de la banda alemana fundamental de la música electrónica moderna, pergeñado por el dúo fundador Ralf Hütter y Florian Schneider en su intento por dotar a su arte, a la sazón muy abstracto, de un tinte más amigable. En Autobahn aparece un concepto, la idea del movimiento, del traslado, del transporte, nociones que más adelante los teutones sostendrán magistralmente en Trans Europa Express (1977), una de sus obras cumbres. La suite homónima, placentera, ambiental, compuesta por cuatro o cinco movimientos recurrentes, constituye sin dudas la gran joya de este álbum, aunque no se queda atrás el pop instrumental de “Kometenmelodie 2” y el oscuro minimalismo de “Morgenspaziergang”. Tal vez este no sea el mejor disco de Kraftwerk, pero le sobran méritos en cuanto a su robótica exquisitez y, más que nada, en tanto prólogo de algo grande por venir.

viernes, 9 de marzo de 2012

Roger Waters, The Wall Live - Estadio River Plate, 7/3/2012





A esta altura, la temática del paquete The Wall es prácticamente de dominio público. Ir al detalle implicaría repetir lo plasmado en miles de notas periodísticas de los últimos días, lo cual nos lleva directo al grano. También se ha hablado, con o sin razón, del enorme e inexplicable éxito local de esta serie de conciertos, así como de las contradicciones que se generan en el corazón de la obra en tanto espectáculo multitudinario y en tanto el propio Roger Waters como una millonaria estrella de rock. Sin embargo, no entraremos en esos puntos, al menos por ahora.

Desde nuestra humilde postura, pues, y yendo a las estrictas dos horas veinte de show (contando el intermedio) solo queda aseverar que realmente el espectáculo es avasallante. Incluso se puede decir que el asistente es tomado por sorpresa desde su ingreso mismo al estadio, en tanto la radiante presencia del gigantesco muro que une las dos tribunas enfrentadas constituye un primer factor de asombro. Las dimensiones de la estructura son colosales, y el andamiaje del escenario, amenazante.

La actual puesta del trabajo alumbrado por Pink Floyd en 1979 resalta el aspecto teatral y lleva al límite, gracias a la tecnología, la idea original. El espectador será entonces, a partir de las primeras notas de “In The Flesh?”, bombardeado con estímulos provenientes de los cuatro puntos cardinales. El sonido es clarísimo, alto, y todo intento espontáneo de generar karaoke es neutralizado en el acto. Hasta el más futbolero de los asistentes se verá obligado a callarse la boca y entregarse al tifón de sonido, imágenes, luces y estruendos que sacuden el estadio en el transcurso del concierto. Momentos como la clastrofóbica “Don't Leave Me Now” o “Goodbye Cruel World”, cierre del primer acto (y del muro), son presenciados con un silencio reverencial. Los aplausos cerrados se combinan con reiteradas sensaciones de piel de gallina. Para alivio de los sentidos, el intervalo se convierte en la ocasión propicia para procesar al menos una parte de lo recibido.

Tal como la isla de la serie Lost, el muro, que oficia de pantalla, alimentado por decenas de proyectores, se revela como el verdadero protagonista de la velada. Su rol, que podría parecer a priori pasivo para el espectador inocente o desconocedor, crece y se resignifica con cada pasaje; actúa como depositario del arsenal de consignas políticas universales y, asimismo, encarna las ideas centrales de la narración como por ejemplo, después del intermedio, cuando “Hey You” –un grito de soledad– sea interpretada por la banda completamente oculta tras él; y luego, dejando a Waters empequeñecido mientras éste interpreta con envidiable energía los alocados actos del Pink fascista y la dramática –y grotesca– secuencia del juicio (“The Trial”).

Como era de esperarse, el derrumbamiento del muro y “Outside The Wall” clausuran un espectáculo impecable que borra las fronteras entre el rock, el teatro y la ópera, donde todo está en su lugar y tiene un por qué y un cómo. El público se retira lentamente, apabullado. Algún improvisado pide bises. Y mientras la pared se prepara para la próxima velada, sobrevuela el interrogante de si las grandes lecciones de la historia de The Wall, su profundo antibelicismo y espíritu libertario crearán una mella en, al menos, una parte de las miles de mentes que se concentraron allí; sería penoso que todos se retiraran como si se tratase de alguna rimbombante película de Steven Spielberg.

jueves, 16 de febrero de 2012

Mini Reviews 6






KING CRIMSON - Larks' Tongues in Aspic (1973)



Genial obra perpetrada por el Crimson más cáustico, con Robert Fripp, John Wetton (ex Family) y Bill Bruford (ex Yes) a la cabeza de una venenosa formación capaz de destripar al que se interponga. Métricas imposibles, momentos de reposo, delirantes improvisaciones, vanguardia, academia, y un gran caudal de tensión, en cuyo entramado adquiere grandeza la labor de los músicos ocasionales Jamie Muir (percusión) y David Cross (violín, mellotron), colocan a Larks' Tongues in Aspic en el cielo de las obras maestras del rock progresivo, marcando un nuevo hito en la cambiante carrera del Rey Carmesí. Este disco imprescindible es capaz de dejar al oyente atontado, como un insecto pisoteado y moribundo.


—————————————————————————————————


BARRY MANILOW – Barry Manilow II (1974)



Es difícil encontrar calificativos para describir esto. El diccionario ofrece términos como “flatulento”, “repulsivo”, “insultante”, pero tal vez sea mejor guardar esas palabras para lo más perverso de la industria cultural lobotomista. Barry Manilow es un cantante y compositor norteamericano nacido en 1943, que conoció el éxito mundial de la mano del gracioso hit “Mandy”, presente en este álbum de 1974 y acaso la única pieza rescatable del mismo solo por el hecho de haber resistido más de tres décadas en la memoria popular, amén de su sonoro estribillo, ideal para aullar en una noche de alcohol con amigos. El resto del disco, puro terrorismo auditivo, aparece tan indigno como el peor instrumento de tortura de campo de detención; un material que, no obstante, debe de haber servido de inspiración para discípulos de la talla de Air Supply o Peter Cetera, quienes por obra de una ciencia que desconocemos siguen llenando teatros en todo el globo. Del mismo modo, Manilow continúa su carrera, biaba y cirugía mediante, mientras sus discos se apilan polvorientos en cuanta batea de usados aparezca ante nuestros ojos.


sábado, 28 de enero de 2012

Enriquezca su lunfardo

INSÁI. (Del ing. inside) En fútbol, mediocampista. Sinón.: Insider, volante, ochoa, escoba.

ORTIBA. (Revés de batidor) Delator, soplón. Sinón.: buchón, alcahuete. Apl. tamb. a la persona seria, malhumorada o poco dispuesta a la diversión.

TACHO. Taxi. (Tachero: taxista).

viernes, 16 de diciembre de 2011

Mini reviews 5


DEPECHE MODE – Some Great Reward (1984)



Cuarto álbum de Depeche Mode, pero acaso su primer gran disco, coherente, sin fisuras, donde se perfecciona lo iniciado en Construction Time Again (1983), esto es, la instalación definitiva del sampler en la vida musical del cuarteto de Basildon. Some Great Reward, pues, brilla justo donde fallaba su antecesor: en la combinación de tecnología de punta con buenas canciones. El grave registro de Gahan por fin adquiere la seguridad que reclama el endurecimiento musical; la pluma de Gore gana lucidez para retratar la vida gris de la gente común y sus vías de escape poco ortodoxas (cuero negro, sadomasoquismo, ambigüedad sexual) y los sintes desparraman calculadas pinceladas por doquier. Indudablemente influenciados por una oscura Berlin y sus célebres estudios Hansa, más el orden impuesto por Gareth Jones, los Depeche inician su ascenso artístico anticipando algo… una celebración bastante negra.

Claves: “Somebody”, “Master and Servant”, “Blasphemous Rumours”.

—————————————————————————————————

MIKE OLDFIELD – Tubular Bells 2003 (2003)



Imaginen qué ocurriría si Jimmy Page se encerrase en el estudio a rehacer Led Zeppelin IV (1971) nota por nota, pero con las posibilidades técnicas actuales, o si Robert Fripp reuniera al mejor Crimson para regrabar Red (1974). Sería un despropósito, ¿no? Como mínimo. Pues bien, Mike Oldfield tuvo esa misma idea en el aniversario 30º de su Tubular Bells (1973), y lo que podría, o mejor dicho, tendría que haber sido destinado a algún box set solo para fanáticos, terminó impunemente en las bateas de todo el globo, perpetrando otro descarado acto de caradurismo musical. La famosa obra del compositor inglés, tal vez pionero del new age, aparece aquí calcada aunque librada de ligeras desafinaciones e incorrecciones de la interpretación humana que los remasters no pudieron solucionar, pero que el músico se encarga de subsanar mediante la recreación total con una ayudita de la empresa Roland Inc., algo así como pasarle lavandina a un lindo piso de parquet. Lo que seguramente no imaginó Mike es que Tubular Bells 2003 sería en poco tiempo fácilmente hallable en polvorientas bateas de feria, allí donde se pueden encontrar verdaderos tesoros, pero donde también se apila un enorme, creciente caudal de discos que nadie, pero nadie quiere.

—————————————————————————————————

BRIAN MAY – Back to the Light (1992)



Rodeado de músicos de sesión, Brian May despliega el particular sonido de su Red Special y sus inquietudes –ya sobradamente tratadas en su ex grupo– en un álbum poco imaginativo, dotado de no pocas obviedades melódicas, un dudoso sentimentalismo y una duración insalubre no tanto en términos reales, sino en cuanto a la lentitud que embarga a la curva temporal durante la escucha. Pese a ser un proyecto de larga data, las kilométricas líneas de agradecimientos denotan el jugo extraído a las circunstancias recientes (el fallecimiento de Freddie Mercury y el concierto tributo), lo que podría leerse como liso y llano oportunismo. Forzados hard-rocks (“Love Token”) y vanos intentos de emular la efectividad de viejas fórmulas (“Let Your Heart Rule Your Head” se parece a “39”) se encargan de echar por tierra las buenas intenciones, y Back To The Light queda reducido en el acto a un disputado objeto de colección destinado a enaltecer la obra de Queen y la química de este gran guitarrista y compositor con sus ex compañeros. Luego de esto, afortunadamente, May no se mostrará muy perseverante en cuanto a su carrera solista.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Personal Fest, día 2, 05/11/11: Sonic Youth e INXS






INXS



La historia del rock no abunda en ejemplos de grupos hayan sobrevivido con altura a la partida física de su cara visible. Algunos, los que apostaron por la dignidad, optaron, o bien por la disolución y dedicación a proyectos propios, o bien por el reagrupamiento y el sostén de propuestas novedosas, diferentes, como el caso de Joy Division devenido en New Order tras el suicidio de Curtis.

Pero hay otra facción, más sospechosa, que revuelve legados, arruina discografías, ensaya material nuevo –por lo general de calidad baja– como mera excusa (casi un pedido de permiso), y testea reemplazos con una tenacidad asombrosa, inclusive incurriendo en la vieja y perversa fórmula de “el fin justifica los medios”. La buena salud que goza el conformismo del hit pretérito parece legitimar este fenómeno auto-tributario. Este INXS, pues, saldrá al escenario a cumplir las modestas expectativas de sus fans argentinos y juntos, durante hora y veinte, intentarán justificar el slogan de esta edición del Personal Fest.

La exhumación permanente de los hermanos Farriss esta vez contó con los servicios del bueno de Ciaran Gribbin, un joven irlandés con un registro muy similar al de Bono, quien en su segundo show con la banda se cansa de entregar gastados clichés de estadio, y también de repartir, entre tema y tema, elogios a sus jefes australianos (de precisión y oficio indiscutibles) y a su malogrado antecesor. Los éxitos de antaño (“By My Side”, “Suicide Blonde”, “Devil Inside”, etc.) se suceden en versiones fieles, y algunos hasta presentan modificaciones, poco afortunadas en el caso de “Original Sin”. También ve la luz una pieza nueva, “Tiny Summer”, posiblemente condenada a la intrascendencia.

Por su parte, la interpretación de Gribbin no otorga a las canciones nada diferente a lo que podría haber ofrecido cualquiera de sus compañeros de audición. Su performance no imita a la de Hutchence, lo cual es un acierto, pero su futuro está sin dudas atado al balance de los veteranos fundadores, quienes tarde o temprano decidirán si el chico se queda o si tiene que pasar a buscar el cheque por la oficina.



SONIC YOUTH



Lo de los neoyorkinos sí que es difícil de describir. Tomaron el escenario con retraso, gracias a la perorata que el grupo de moda (Calle 13) desparramó en el escenario contiguo, y arrancaron su segundo show en esta ciudad a la manera de una banda mítica, acorde con su leyenda, su historia y su legado, a esta altura, una especie de secreto para unos pocos. La huida de gran parte de la concurrencia al finalizar el set de los puertorriqueños así lo demuestra.

Si el comunicado de la separación del matrimonio vertebral de la bajista y cantante Kim Gordon y el guitarrista y cantante Thurston Moore no se hubiese hecho público, la previa hubiese sido un poco más feliz, despojada de la tristeza que provoca la posibilidad de una ruptura grupal. Ahora bien, en los papeles, el devenido quinteto ejecutó su tormenta eléctrica con una desfachatez bastante lejana a la de una despedida.

Inaugurado con “Sacred Trickster”, el show, que careció de fisuras en su recorrido inductor del trance, permitió al par de miles de participantes de esa experiencia contemplar boquiabierto y en silencio un espectáculo más sensorial que musical. Expliquemos: la propuesta de Sonic Youth consiste, desde hace tres décadas, en explorar a su modo el límite de la canción, lo que se tradujo en una extensa discografía donde la estructura es desafiada y el estribillo es insultado, y se privilegia el acople, la ejecución a través de elementos poco ortodoxos, las afinaciones extrañas (herencia de Glenn Branca), los climas y clímax y una poesía marginal, cuestionadora de los sueños de la vida moderna.

La ruta elegida para la noche del sábado no se ahorró puntos altos de la obra sónica: “White Cross”, “Cotton Crown” (del elemental Sister, de 1987), “Tom Violence” (EVOL, 1986), “Cross the Breeze”, la esperada intervención de Lee Ranaldo en “Hey Joni”, por mencionar algunos, conformaron un set que pudo haber sido simplemente magistral si la producción no hubiera apurado el final del ritual prendiendo las luces en el momento cúlmine de “Sugar Kane” y cortando el sonido luego de la última nota, lo que derrumbó la posibilidad del bis pautado, nada menos que “Teen Age Riot”, ausente en su visita anterior.

Empero, esta barrabasada organizativa, que se suma a otras cuantas que sería extenso desarrollar, no alcanzó para borrarle la sonrisa al apabullado espectador, que se retiró del predio soñando con que no, con que esto no se termine.


martes, 18 de octubre de 2011

Mini reviews 4


THE DOORS – Strange Days (1967)



Magistral segundo álbum de la banda californiana encabezada por el enigmático Jim Morrison, hombre de profunda voz e inigualable carisma que meses antes de esta edición había osado vaticinar el final del sueño hippie en su momento de plenitud. Con esta colección de bellas y lisérgicas canciones de exquisito caudal melódico, los Doors ratifican los alabados logros del debut aparecido ese mismo año. La fina y oscura poesía de Morrison navega por los surcos con la implacable seguridad que le proporciona el nivel interpretativo de la tríada Manzarek/ Densmore/ Krieger, cuya versatilidad pasea gentilmente al oyente por delirantes experiencias chamánicas (“Horse Latitudes”) y elegantes rocks con toques bluseros (“Love Me Two Times”, “Moonlight Drive”) antes de arribar al final épico de “When The Music’s Over”.

—————————————————————————————————

CANSEI DE SER SEXY – Ídem (2006)



El primer larga duración de esta banda indie paulista conocida mundialmente abunda en ritmos bailables y contagiosos complementarios con la sugerente voz de la cantante Lovefoxxx, quien no se ahorra referencias sexuales explícitas, lo que eleva la temperatura y carga adrenalínica de la audición. Sin embargo, toda esa mixtura de electro-pop, dance, new wave y rock alternativo, enriquecida con variados recursos instrumentales, tiende a perderse en desarrollos anodinos, y el hedonismo gana definitivamente la partida. Y he ahí el gran debate que parece contener Cansei de Ser Sexy: el que separa una simple noche descontrolada de un porvenir fructífero.

—————————————————————————————————

TRACY BONHAM – The Burdens of Being Upright (1996)



La cantautora bostoniana conoció el éxito, aunque moderado y fugaz, gracias a la alta rotación en MTV del videoclip del tema “Mother Mother”, en el que parecía contarle a su progenitora los pormenores de su incipiente aventura en el mundo del espectáculo. A medio camino entre Alanis Morissette y Hole, la ópera prima de la escuálida violinista despliega un tenaz intimismo tanto en su forma lenta como en su disfraz post-grunge; ahora bien, tanta adhesión a las sonoridades dominantes de la escena “alternativa” (según los estándares de la cadena norteamericana) acaba por irritar. Probablemente consciente del embudo al cual sería sometida toda una generación (?), la Bonham se reconoce como una “One Hit Wonder” en el track así titulado (aunque eso de "wonder" es discutible), y solita se guarda en el cajón. Mejor así.


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Soda Stereo revisitado VII


Hoy en día es habitual que los artistas se tomen entre dos y cuatro años para sacar a la calle material nuevo. Pero antes, cuando las reglas del juego eran otras, semejante lapso podía dar lugar a pensar en una separación, o en el mejor de los casos, en un largo e indefinido descanso.

En el caso de Soda, este silencio fue testigo de la gestación y ascenso del rock barrial, coherente con el proceso político en curso, y también del apogeo del llamado Nuevo Rock Argentino, encabezado, entre otras, por bandas que habían sido elegidas para telonear al trío en la presentación de Dynamo, como Babasónicos y Juana La Loca.

Pero así como el hiato permitió la primera incursión solista de Cerati (Amor Amarillo, 1993), también posicionó al grupo como un “clásico” habilitado para tomarse cualquier concesión, inclusive la de considerarse a sí mismo como tal. Por ello, exasperadamente conscientes de su status dentro de la escena, y quizás ya pensando en cerrar el círculo, Gustavo, Charly y Zeta encaran su nuevo material mirando “hacia adentro”, es decir, basándose en su propia obra, aunque, cuándo no, con un ojo puesto en lo contemporáneo.

El paralelo con el Abbey Road beatle que establecía Cerati en una entrevista para MTV no era casual ni caprichoso. Grabado en Londres y Buenos Aires, Sueño Stereo será una especie de resumen, un auto-homenaje, cuyos primeros ensayos también tendrían cualidades terapéuticas no sólo para un Bosio golpeado por la tragedia, sino para un grupo cuya ruptura se venía gestando al menos desde 1992.

“Ella usó mi cabeza como un revólver”, con su título extraído de “Planet Queen” de T Rex, abre con todo un disco cuyos tracks revelan un origen de zapada patente en largas introducciones y desarrollos cansinos, apenas sacudidos por el pop saltarín de “Zoom”, el rock sinuoso de “Paseando por Roma” y el voltaje de “Ángel Eléctrico”. El trío navegará con comodidad por bellas lagunas electroacústicas (“Crema de estrellas”, “Pasos”, “Efecto Doppler”), se dará el gusto de propinar una página ambient (“X-Playo”), y ampliará, líricamente, una cosmovisión mística.

El disco será muy bien recibido por crítica y público, y la serie de ocho shows en el Gran Rex mostrará a un Soda cómodo, sonriente, orgulloso de un material que no desentonaba con los grandes éxitos de su carrera (como sí lo hacía la propuesta de su antecesor), ante un público fiel y renovado.

También persistieron (aunque por fuera de esta serie de conciertos) gestos de apadrinamiento hacia una nueva generación de músicos alternativos, que vieron u oyeron en la bestia pop una legitimación de unas sonoridades «otras», opuestas al tenaz conservadurismo que empezaba a propagarse como nube de gas venenoso.

Y mientras las especulaciones sobre el futuro del grupo se diluían en declaraciones crípticas, el material sobrante del flamante álbum y una invitación de MTV mantendrían el kiosco abierto un tiempo más.


Tracks: Ella usó mi cabeza como un revólver - Disco eterno - Zoom - Ojo de la tormenta - Efecto Doppler - Paseando por Roma - Pasos - Ángel eléctrico - Crema de estrellas - Planta - X-Playo - Moirè.

Links: Blur – The Great Escape (1995); Stereolab – Mars Audiac Quintet (1994); Spiritualized - Pure Phase (1995); Massive Attack – Protection (1995); Soda Stereo – Dynamo (1992).