viernes 10 de julio de 2009
viernes 12 de junio de 2009
The Smiths - Strangeways, here we come (1987)
El cuarto y último disco de la banda mancuniana, editado pocos días después de que anunciara su separación, representa el típico final en el que el planteo parece ser –tal como lo hicieron los Beatles con Abbey Road– “si lo hacemos, lo hacemos bien”, por más que finalmente el status de clásico lo haya ganado su antecesor, The Queen is Dead (1986), obra cumbre del cuarteto e indiscutiblemente uno de los grandes discos de la historia del rock.
Más allá de la batalla de egos que terminó con el grupo y del penoso litigio judicial posterior, pura carne para la prensa musical más buitresca, la breve trayectoria (independiente) de este equipazo (1982-1987), compuesta por solo cuatro discos de estudio y una interesante cantidad de singles, fue suficiente para depositarlo en un lugar de privilegio en el inabarcable árbol rockero, algo que en principio se debió más al reconocimiento contemporáneo de los colegas y del público que de la crítica.
Es inevitable hablar de The Smiths sin referirse primero a Stephen Patrick Morrissey, la estupenda voz cantante encargada de teatralizar su introversión, baja autoestima, soledad y también su cultura, su ácida visión de la vida cotidiana y su especial sentido del humor; aunque jamás deberíamos pasar por alto el invaluable aporte del guitarrista y cerebro musical, Johnny Marr –cuyo virtuosismo no pasa por los solos pirotécnicos, sino por su sentido de la armonía–, y de la espléndida, compacta base formada por Andy Rourke (bajo) y Mike Joyce (batería).
Pues bien, luego de tres álbumes que condensaron el amplio abanico de influencias del cuarteto, que iban desde el glam y el punk rock hasta el rockabilly y el vodevil, filtrados por el alma de crooner perdedor de Morrissey, Strangeways, here we come significó un escalón más en el refinamiento pop que supo desplegar esta banda y que el cantante continuaría en su excelente carrera solista.
Básicamente, lo que distingue este Lp de sus antecesores es un tratamiento sonoro inédito en la carrera del grupo, cuyo arte se ve enriquecido como nunca por capas sintetizadas de cuerdas, vientos, pianos y baterías, y la presencia –bien de los ‘80– de elevados niveles de reverberancia, haciendo juego con las ya conocidas genialidades de Marr y la afectada (e irreverente) poesía de Moz.
Vivos ejemplos de esto son “I started something I couldn’t finish” y “Last night I dreamt that somebody loved me”, que continúan líricamente en la línea de desamor sobreactuado típica de Morrissey, aunque el primero lo hace bajo un pulso dinámico, coloreado por una sección de vientos virtual, y el segundo, amparado por una orquesta no menos artificial que potencia el dramatismo de la extensa coda, haciendo juego con la fantasmagórica intro de piano –que no aparece en la versión single–.
Si bien la pluma mordaz del vocalista se hace presente en “Death of a disco dancer”, un (nuevo) palazo a la música bolichera, y en “Paint a vulgar picture”, donde el blanco de los torpedos es la industria musical, no resulta menos incisivo y cínico el exitoso single “Girlfriend in a coma”, un temita de fina melodía en la que se destaca una alegre línea de bajo, pariente cercana de la que el bajista Andy Rourke había ensayado un año antes en “Frankly, Mr. Shankly”.
Por supuesto, no podemos dejar de mencionar el exquisito “Stop me if you think you’ve heard this one before”, que exhibe un gran trabajo de guitarras, y en cuyo video Morrissey ironiza sobre su propia iconofilia, al mostrarse luciendo una remera de su grupo, así como el maravilloso cierre a pura mandolina, la conmovedora “I won’t share you”.
Sentaos y deleitaos, pues, con esta gran obra de este gran conjunto inglés, o bien con sus predecesoras –The Smiths (1984), Meat is Murder (1985) y The Queen is Dead (1986)–, e incluso con cualquier cosa editada bajo su nombre, ya que hasta la más recóndita colección de hits –aunque para el caso siempre es preferible echar mano de las contemporáneas Hatful of Hollow, The World Won’t Listen o Louder Than Bombs–, les dará sobradas muestras de la excelencia de una banda a la que, hasta el momento, al igual que los Talking Heads, ningún cheque en blanco ha podido traer de regreso.
Link de descarga
viernes 15 de mayo de 2009
Radiohead @ Club Ciudad - Audio de consola
Anda circulando por ahí una toma de audio de consola del magnánimo concierto ofrecido por la banda inglesa el 24 de marzo pasado.
Gracias a ella, el interesado podrá prescindir, por fin, de los audios tomados de la radio, arruinados por la voz del más molesto Juan Di Natale y las pisadas institucionales a cargo de Alejandro Nagy.
Pinche, pues, aquí.
lunes 20 de abril de 2009
La letra chica según Perry
Aplícase las siguientes frases:
• “No escucho a Sabina, Serrat, etc., pero los respeto”
(Mentira, sólo estoy siendo educado.)
• “Viva el rock”
(Esta afirmación no incluye a los Red Hot Chili Peppers.)
• “Acá hay buenas bandas”
(Si estoy de muy buen humor, te nombro tres.)
viernes 3 de abril de 2009
Murió
A las 21.34 del día de ayer dejó de funcionar la Tecla para Bajar el Volumen del fiel minicomponente. Según el parte médico, el deceso no se produjo a raíz de la falta de pilas, sino por causas naturales debido al uso intensivo en pos de regular el volumen musical.
Familiares y amigos de la tecla se hicieron presentes durante el ceremonial dedicado a la memoria de esa pieza fundamental de todo control remoto. Allí acudieron desde la Púa de la Bandeja Giradiscos hasta el poderoso Auricular JVC con cable de dos metros, todos congregados para consolar a la hermana gemela de la fallecida, la Tecla para Subir el Volumen.
Otros allegados aprovecharon la presencia de este medio para expresar su lamento. “Puta, ahora para bajar la voz voy a tener que incorporarme e ir hasta el equipo, cuando antes lo hacía mirando el techo”, dijo Mastrángelo. “Rxta238ofgvnk”, aseguró la tecla Pause, vecina de la difunta. “Fgjh47fur78hdh34ji, fhgwio23ylareputaqueteparió”.
La Tecla para Bajar el Volumen será enterrada y reemplazada en el service de Medrano y Bartolomé Mitre, en esta capital.
miércoles 25 de marzo de 2009
Radiohead + Kraftwerk - Club Ciudad de Buenos Aires, 24/03/09
1. 15 Step 




2. Airbag
3. There There
4. All I Need
5. Kid A
6. Karma Police
7. Nude
8. Weird Fishes/Arpeggi
9. The National Anthem
10. The Gloaming
11. No Surprises
12. Pyramid Song
13. Street Spirit (Fade Out)
14. Jigsaw Falling Into Place
15. Idioteque
16. Bodysnatchers
17. How to Disappear Completely
18. Videotape
19. Paranoid Android
20. House Of Cards
21. Reckoner
22. Planet Telex
23. Go Slowly
24. 2+2 = 5
25. Everything In Its Right Place
26. Creep
miércoles 11 de marzo de 2009
Consejos en caso de fin del mundo
1. Haga una lista de las cosas que le hubiese gustado hacer.
2. Métasela en el toor.
miércoles 11 de febrero de 2009
The Smashing Pumpkins - Siamese Dream (1993)
Siamese Dream (1993), primer disco de los Smashing Pumpkins registrado para una multinacional, pertenece a una época en la que cada álbum, cada grupo emergente, era considerado como una nueva “respuesta a Nirvana” (ni Radiohead pudo escapar a tal clasificación).
Recuerdo que por aquel entonces bastaba con poner unos minutos la antigua MTV para comprobar la circulación febril de términos como “grunge” o “alternativo”, ambos utilizados para dar cuenta de un gran número de bandas de estilos y calidades dispares.
El primero, dotado de alguna coherencia, reunía a Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Stone Temple Pilots, Alice in Chains, etc., todas bandas con claros puntos en común, a saber, el gran amor por el rock clásico, las guitarras, la oposición ideológica (a veces bastante forzada y sobreactuada) al hedonismo propalado por las radios y, en algunos casos, hasta una misma ciudad de origen.
En tanto que el englobador “alternativo” abarcaba un espectro cuyos límites llegaron a ser verdaderamente irrisorios; como tal fueron considerados tanto Primus como el joven Oasis, pero también aberraciones del estilo de Crash Test Dummies, Bush y creo que hasta Hootie and The Blowfish.
Por supuesto, el “grunge” estaba incluido dentro de la gran categoría de la década, que aparentemente también encajaba a la perfección con la propuesta de los Smashing Pumpkins.
Ejemplo de ello es la convocatoria de Butch Vig (productor de Nevermind y futuro cerebro de Garbage), quien garantizaría, para Siamese Dream, un límpido torrente de guitarrazos (“Cherub Rock”, “Quiet”, "Rocket") que tranquilamente podría haber entrado en contradicción con las más dulces canciones de cuna (“Sweet Sweet”, “Luna”), o con gemas pop que tan bien le harían a los rankings noventosos (“Disarm”, “Today”)… si no fuera por la embrionaria pero notable habilidad de Corgan para dosificar su ciclotimia, lo que a mi entender desarrollará mejor en Mellon Collie and the Infinite Sadness (1995), un doble con filiación al art-rock.
Como sea, el tema es que mientras algunos críticos se daban la cabeza contra la pared tratando de incluir a los Pumpkins dentro del grunge, quizás a raíz de su militancia de otrora en el sello Sub-Pop, de los furibundos riffs setentosos, del desencanto y nihilismo que chillaba el (ahora) pelado, hubo otros que, más lúcidos, cayeron en la cuenta de que Siamese Dream revelaba a un nuevo compositor ecléctico capaz de revolver las tripas del rock duro de los ’70 y procesarlo en clave actual (post-punk, Pavement, Pixies, etc.); un tipo jodido que, por cierto, no tardaría en convertirse en líder totalitario con potestad de prescindir, en el estudio, de los servicios del guitarrista rítmico (y buen compositor) James Iha y de la bajista D’arcy –quienes en la actualidad no forman parte de la alineación pumpkiana–.
En definitiva, inescuchable para muchos, impecable para otros, el álbum es, más que nada, una instantánea del ascenso a primera de un Billy Corgan cada vez más pretencioso y ultraprolífico, pero también intratable y manager de sí mismo (según Courtney Love y Sharon Osbourne, respectivamente). Por eso, si nunca lo escuchaste, te recomiendo armarte de paciencia (es extenso) y, desde ya, si no te gustan los Smashing Pumpkins, no te gastes ni siquiera en releer esta barata revisión.
sábado 24 de enero de 2009
Enriquezca su vocabulario
Conchero: objeto utilizado por las vedettes con el fin de ocultar levemente su sexo.
Hijoputa: apócope de hijo de puta.
Campagnuolo: ex arquero del Deportivo Español y Racing.
martes 9 de diciembre de 2008
Dos grandes éxitos
Un amigo me sugirió el otro día que hablara en este blog de algún disco de grandes éxitos, los cuales no me gustan para nada, aunque les reconozco cierto valor como pantallazo general de la carrera de algún artista o grupo. Hay unos pocos de esa clase que han llegado realmente a gustarme, dos de los cuales reviso brevemente a continuación.
The Housemartins - The Best of The Housemartins (2004)
Podría decirse que los Housemartins eran unos Smiths con un poco más de ganas de vivir, pero no es tan así. Más allá de la deuda que siempre tuvieron estos oriundos de Hull para con los célebres mancunianos, los Housemantins combinaron su pop ágil y bien pensado con una militancia izquierdista y católica bastante enervada que dio lugar tanto a feroces críticas contra el tatcherismo (“Flag Day”) como a canciones religiosas (“Caravan of Love”), lo cual no los eximió del impulso de crear efectivos hits radiales (“Happy Hour”, “Build”).
De todos modos, quizás el mejor justificativo para la existencia de The Best of The Housemartins sea la brevísima carrera de esta simpática e interesante banda independiente, que consta de solo dos discos de estudio: London 0 Hull 4 (1986) y The People Who Grinned Themselves to Death (1987). Por lo cual este compilado viene a mostrarnos una parte bastante interesante del pequeño repertorio de esta banda cuyo bajista, unos años después de la disolución, alcanzaría fama mundial al lanzarse como DJ bajo el nombre de Fatboy Slim. 
Fleetwood Mac – Greatest Hits (1988)
Este hermoso compilado reúne los éxitos que arrojó la segunda etapa de esta particular agrupación norteamericana (1975-1987), y lo hace prescindiendo del orden cronológico, con lo cual podemos encontrarnos con hits de antaño como “Hold Me”, seguido del más reciente “Everywhere”.
Podría decir que el mayor valor del Greatest Hits de Fleetwood Mac reside únicamente en que nos permite disfrutar al por mayor de la estupenda Stevie Nicks –acaso una de las mejores voces femeninas del rock–, quien protagoniza las joyas “Dreams”, “Rhiannon”, “Sara” y “Gypsy”; pero en realidad es una buena oportunidad para darse una panzada de esta banda caracterizada por sus elegantes arreglos, la prolijidad del cerebro Lindsey Buckingham y el estudiado contrapunto entre las front-girls (?) Nicks y Christine Mc Vie. 
Bueno, dejo para otro momento otras recopilaciones a las que les tengo estima: Supergrass is 10, Lo mejor de Mano Negra y Crosby, Stills, Nash & Young – Greatest Hits.


